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JORGE VILLACORTA | ANA MARIA GAZZOLO

LUIS LAMA 1 | LUIS LAMA 2 | LUIS LAMA 3

JORGE BERNUY | THEODORO ALEGRÍA

DANIEL CABALLERO | ÉLIDA ROMÁN

En la obra de Jaime Romero se percibe la acción de una mano capaz de un gran despliegue virtuosístico en dibujo, y una sensibilidad que comprende y predomina el color cabalmente. Pero Romero no entrega simples imágenes pictóricas de su mundo interior: en sus trabajos esta la muerte inteligible de su libertad irrestricta en tanto creador.

Este joven artista sabe que el observador puede no sólo rechazar su pintura en tanto ejercicio del oficio sino también en tanto ejercicio de la imaginación. Su voluntad creadora en la que oficio e imaginación son uno- ausculta el estado de salud psíquica de la relación que el individuo mantiene con la sociedad en que vive.

Cuestion a indirectamente, apelando a escenificaciones absurdas. Su intención no es didáctica: acata a los hábitos mentales buscando capturar la imaginación del observador por un instante, para ayudarle a descubrir la esencia de su propia libertad.

 

La aproximación de Jaime Romero el género alegórico en pintura no dejara de sorprender.

 

Es sin embargo, un desarrollo natural: la alegoría es un genero absolutamente <<despreciable>> por tratarse de una suerte de narración exaltada o que propone como ejemplares y deseables ciertos patrones de conducta fuera de lo normal; Hace un uso enteramente decorativo de la figura humana, y ha ido perdiendo la posibilidad de transmitir algo socialmente trascendente.

De Giotto a nuestros días la figura humana alegórica se ha ido <<vaciando>> progresivamente de humanidad.

Jaime Romero se apropia de este vacío y construye, en ausencia de un consenso para la representación visual de lo humanamente valioso, un mundo riesgoso, sobre el doble filo de la ambigüedad.

Jorge Villacorta

ANA MARIA GAZZOLO

No es frecuente que la primera exposición individual de un artista despierte la expectativa de la que Jaime Romero esta presentando en el Centro Cultural de la Municipalidad de Miraflores. Sus intervenciones en nuestra colectivas, como una de las facultades de Arte de la Universidad Católica donde concluyo sus estudios en 1986-, salones de artistas jóvenes, o la ultima Bienal de Trujillo donde tuvo una importante participación -, han permitido formarse poco a poco la imagen de un pintor inquietante y en posesión precoz de su propio mundo.

Hay en una pintura de Romero una dualidad que va mas allá de la evidente utilización de personajes dobles: una dualidad en la realización. En realidad las obras que ahora muestra al público poseen otra duplicidad: la materia pictórica apropiadamente dicha y la materia ornamental, las cuales él trata de integrar y, saliendo del cuadro mismo, se funden en una ambientación.

Esa dualidad en la realización, a la que hemos hecho referencia, se vincula con la forma de trabajar en dibujo y la pintura, dos aspectos que en sus obras no armonizan y esto es evidentemente intencional- sino que se superponen sin la preeminencia de ninguno, se transparentan uno al otro, pero cada uno parece interpretar una melodía por separado. Si en las rápidas y diluidas aplicaciones del color Romero goza la libertad casi absoluta, en las líneas de su dibujo los limites que le imponen la arquitectura y la figura humana, y que él acepta, contradicen la primera actitud. Él define claramente el espacio cerrado y cotidiano en que habitan sus personajes, las tenues pero precisas líneas con que construye paredes, techos, ventanas, pisos, muebles y otros objetos, siguen las leyes del mundo real, como las siguen en gran medida las figuras humanas. Pero el color distorsiona la arquitectura y no respeta los cuerpos; él tiene su propia ley y su propio ritmo.

Este sentido contradictorio se prolonga al contraste entre la modernidad y la liviandad de su pintura con la tradicionalidad y la pesadez del ámbito al que remite y que el se empeña en acentuar colocando ornamentos extrapictóricos.

Una contradicción que debe pertenecer al mundo del artista y que no pertenece ser, por el momento, irónica, sino plena y convencidamente asimilada y la cual es un rasgo distintivo. Romero agrega el dorado a los colores frescos y translúcidos, y añade trozos de marcos antiguos, candelabros, cordones y espejos a los contornos a veces caprichosos de las obras. Las formas que ha dado a sus cuadros (casi todos trípticos) inciden en la concepción de rito a la que remite la muestra. Reminiscencias de armarios, relicarios y adoratorios, con puertas que pueden abrirse o cerrarse y son una continuación del cuadro infunden a la atmósfera creada un aire de religiosidad, pero de religiosidad un tanto dudosa, también ornamental. Aunque las obras no llevan titulo con que identificarlas, son particularmente interesantes, por el acuerdo entre la forma del soporte y la composición, el tríptico de centro ovalado y el fondo, que refleja o representado como a través de un lente, de la segunda sala, y esa especie de espejo quebrado, se la primera sala.

Ana Maria Gazzolo

  Revista Caretas. 16 de mayo de 1988,  p. 68-74

(1) LUIS LAMA

Es uno de esos extraños artistas peruanos que ha tenido la capacidad de romper ese sólido muro que entre nosotros, divide a la vida del arte.

Él es uno de los pocos que ha tenido la necesaria integridad de expandir su vida diaria a los actos que pueblan su obra artística. Desde los inicios Jaime Romero se preocupo por quebrar el establishment galerístico y desarrollo una ambigua iconografía en la cual el espectador no-tenia la certeza de aquello que Romero representaba. Era una obra muy rica y sin duda audaz para los parámetros existentes, a los que él añadía un elemento inédito: un humor muchas veces irreverente y personajes en los que la angustia religiosa parecía imponer su destino.

Paulatinamente la obra de Romero se fue desplazando del dibujo a la pintura y luego a la instalación, en un proceso absolutamente coherente en el cual no estaba ausente la permormance, algunas veces explicita, otras sugerida, por los hechos del autor. Quizás su posición frente al arte es la mejor y nos haga preguntarnos dónde comienza y donde termina la ficción para Romero, el inicio de su realidad hasta el grado que podemos nosotros sumergirnos en el mundo en el cual lo imaginario tiende a ser tan verosímil como la cotidianeidad misma; porque Romero ha logrado hacer una aventura del hecho diario de vivir. Para esta bienal, Jaime Romero presenta un espacio a partir de los sucesos que lo condujeran ala carceleta del palacio de justicia por un deplorable caso de homonimia. La anécdota- de algún modo hay que llamar a una experiencia imborrable es el punto de partida de una completa lucubración en torno a martirologios, citas a la historia del arte, referencias del castigo y al sexo culpable; un área donde se aglutinan la promiscuidad y precariedad. Alternando con la opulencia del barroco.

Pudiera parecer cruel, pero después de todo, lima también es así.

Luis Lama

 

(2) LUIS LAMA : EL INFIERNO Flamígera muestra de Jaime Romero en 2 VS

 

Si a todo hubiera sido planificado se podría pensar que la exhibición contemporánea es una respuesta iconoclasta a la santidad bancaria. Sim embargo, como se decía en las películas de antes, todo no es más que una simple coincidencia que nos lleva a Chacarilla para ver el misticismo, un tanto retorcido, de Jaime Romero, en el cual su homoerotismo se convierte cada vez más chirriante en un trabajo que no teme al desparpajo, ni mucho menos a un exceso que el artista sabe cómo evitar su desborde, gracias al dominio de sus facultades visuales.

La instalación de Romero con candelabros, que proceden a su Pietá podrá lucir como una provocación a un espectador no iniciado en los avatares visuales por los que nos conducen los meandros de Romero. Pero hay algo en su propuesta que excede el simple anecdotario de la sexualidad, más allá de la insolencia de ese pene flácido que él ubica como eje central de su cuadro, es esa irreverencia que recicla lo mejor de la ideología de la revolución sexual de los 60, que transformó nuestras actitudes pre-SIDA al hacernos comprender que "el sexo es popular porque tiene una ubicación central". Mismo mercado.

Pero en la propuesta de Romero existe otro tipo de reciclaje, el de sus obras que fueron anteriormente apreciadas y sobre los cuales él ha vuelto a pintar, en actitud similar a la de artistas como Emilio Rodriguez Larraín y Hernán Pazos que terminaban reuniendo, si multáneamente en un solo cuadro, varios años de trabajo de su autor, Por eso la obra de Romero, lejos de agotarse, se renueva y de su iconografía va revelando nuevos misterios dentro del camino tan antiguo, y a la vez tan nuevo, dentro de la insolencia que él parece haberse trazado como una de sus metas.

Luis Lama

  Caretas/ Junio 3, 1993

(3) LUIS LAMA : PERSONAS II

Douglas Davis solia citar aquella máxima de Reinhardt: "cultura es lo que nos hacen. arte lo que nosotros hacemos". Jaime Romero lo cita a su manera, desafiando convenciones con una torta priapica sobre la cual se encuentra un novio que amalgama vestiduras de ambos sexos: lleva terno blanco. pero tambien velo. corona y ramo de flores, en una obra que rescata el ingenio y la ironia de un artista, que al alejarse de sus obsesiones confensionales y aproximarse a experiancias como las de Pierre et Gilles. es capaz de lograr propuestas ta contundentes como esta. Además es tiempo de reconocer que, quizás sin proponérselo. como un juego en que se rie de todos y, sobre todo de si mismo, él sea el performer más coherente que alguna vez haya existido en el Perú.
A Romero cuando se sostiene que ... "se trata de romper la ecuación sexo-sexualidad-género, esto es, varón-heterosexual-masculino y mujer-heterosexual-femenina. Entonces las posibilidades se multiplicarían... No tendriamos que echar mano del valor de la tolerancia... L gente seria fiel a sus expectativas y se sentiría coherente con sus aspiraciones: las personas seriamos más parecidas a nuestras fantasias...". Almodovar ya le habia hecho decir algo similar a Antonia San Juan en "Todo sobre mi madre".

Luis Lama

 

Caretas/ Julio 10, 2003

 

 

JORGE BERNUY : Los seres anodinos de Jaime Romero

Detrás de toda obra se perfila siempre el rostro de aquel que dio a luz. Cuando no conocemos al autor nos lo imaginamos, para poder ahondar en los secretos de su creación.

Empelando el ojo agudo y la mano disciplinada. Jaime Romero representa en sus pinturas el ambiente sórdido pero innegable de voyeur, a través de endijas que no siempre define. Romero intenta invadir la intimidad, deteniéndose detalladamente en el cuarto de baño donde sus personajes se afeitan o hacen sus necesidades fisiológicas.

Nos presentan imágenes libidinosas que atrapan al espectador, no solo en argumentos de orden psicológicos sino, principalmente, en la observación inevitable de la sospecha de hombres encerrados. Si, como contenido. Romero presenta un reto definitorio a lo establecido y a la objetividad, estilísticamente este pintor ejerce un control ascético en sus trabajos. Eliminando con evidente premeditación todo aquello que no sea fundamental para su arte.

El verismo se limita a los modelos que son seres fláccidos. Anodinos, desnudos, faltos de todo erotismo que desaparece en insinuaciones apenas de todo aledaño. Como esclareciendo, debo decir que, a falta de todos los valores formales y representacionales de su obra le interesa primordialmente hacer buena pintura.

La calma, éxtasis, es lo que reflejan sus obras. Sin excepción reflejan ese mismo estado sereno, ese mismo sentimiento que podría llamarse religioso que el posee de la vida. Diversificando y enriqueciendo sus experiencias y reduciendo la pintura a sus fuerzas más elementales. También vemos, justamente. Como curva de expresión alcanza el máximo despojo de la fuerza expresiva, al mismo tiempo dando a la armonía un lugar más preponderante.

Jaime Romero es un joven egresado de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Católica y presenta su primera muestra individual en el Centro Cultural de Miraflores. Su pintura se organiza y desarrolla en un espacio fuera de limites del marco rompiendo con la regla clásica cuando utiliza bastidores estilo biombo o retablos que se cierran y se abren, los mismos que le dan misterio en sus obras, que mantienen una coherencia y armonía con los arabescos y adornos dorados brillantes de marcos de espejos. También es de destacar en este artista su excelente dominio del dibujo y el empleo del color transparente. Sin utilizar el blanco de tubo sino el de tela, con lo que logra una mayor vibración del color y un registro siempre elevando, evitando resonancias y rupturas siempre rítmicas.

Romero utiliza de manera metódica el modelado por el color, pero preocupándose de añadirle una especie de hondura táctil, mediante la sugestión de los volúmenes y la simplificación de la forma humana, que contrasta con los arabescos de la decoración, que no crean disonancias en la composición.

Este joven pintor es una de las promesas mas lúcidas de la nueva generación de artistas, por la propuesta seria y coherente de sus trabajos.

Jorge Bernuy  

Diario El Comercio. Lima, domingo 29 de mayo de 1988

 

THEODORO ALEGRÍA

UN PUNTO HIPERBOLICO EN LA PINTURA  :

Jaime ROMERO Y SUS “DESENTERRADAS HIJAS DE EVA”

 

/Somos un monstruo al cual le fue quitando su sentido,

Hemos perdido el Dolor también, y casi

Nos hemos olvidado del Verbo en el Destierro. /

HORDERLIN

Aúnque ni lo sepa él -he aquí la monstruosidad característica del genio- ,algo muestran y demuestran las pinturas de Jaime ROMERO :

  -- muestran y demuestran LA PINTURA;

  -- muestran y demuestran EL SEXO;

  -- muestran y demuestran a DIOS.

Muestran y demuestran, en efecto, las pinturas de Jaime ROMERO, -que es el Sexo la Casa del Espíritu, o su Causa; que es el Espíritu la Cosa de la Materia, o su Causa; que es, pues, la Materia la Cosa de la Pintura, o su Causa, -una Cosa y una Causa ineludiblemente síquica y sexual, puesto que no es otra cosa  ( o otra causa ) la Pintura de la misma cosa ( o la misma causa ) de la materialización del Sexo, por ser la misma cosa ( o la misma causa ) de la sexuación del Espíritu :  entre los límites del Límen del Destierro y de la Lumbre de la Gloria, entre los extremos del Hímen y de la Circuncisión, entre el punto de ceguera de la Virgen y el punto de deslumbramiento de Dios, y es la invención de los ojos, así como se puede verificarlo en Génesis, 3-7:

-“Abriéronse los ojos de ambos, y vieron que estaban desnudos...”

He aquí la monstruosidad característica de la inspiración cuando es ésta dependiente del genio y culmina en la experiencia del desposeimiento y del impoder - de la mano y de los ojos, ya que se trata de pintura-, una experiencia violenta, de la Violencia y de la Violación, que él mirante tendrá que padecer a su vez en carne propia :  en la propia carne de sus ojos de Carnal o sea en la propia gula de su concupiscencia.

Cuidado con sus ojos, pues. ¡Aquí, Cuerpos en Gloria, camino al Destierro!

Así y con todo, no es prohibido mirar, sino que mirar es ineludible, siendo que es la Pintura quién está mirando aquí.

Que haya calvas y calvos, luego, no es para extrañar, sino para ad-mirar, por ser precisamente lo que tenía que exigir la misma lógica del Límen y de la Lumbre, del Hímen y de la Circuncisión, que es lo que nos exige Dios.

Las calvas y los calvos, pero también los clavos - que recordarán con otros tantos clavos que somos tan sólo Es-clavos de Dios -, pero también el cepillar de dientes - para recordarnos que después de perdido el divino Verbo exhalar tan sólo nuestras bocas falaces un hedor -, y hasta los caballos de madera también - caballos que oscilan entre la nostalgia de los cabellos perdidos y el desenfrenado anhelo de una Cábala imposible de encontrar -, muestran indefectiblemente lo que tenían que mostrar : el Enredo, y por lo tanto la innegable y numinosa Dramaturgía del Destierro en la misma inminencia de una Epifanía que los pone en abismo, así como es debido.  Urden - y son urdidos por - una Topología del Destierro, cadenciada por el síncope de la insistente ausencia del Orígen y la repetición de la persistente ausencia del Fin, que también es Orígen, puesto que el Destierro es hacia el Apocalípsis, y por consiguiente camino al Génesis, con lo que ilumina y es iluminado el Destierro. Son Signos, pues, que se hallan debidamente separados de su previo y supuesto sentido por el mismo Perfomativo de Dios, y conforme al Hímen y a la Circuncisión, es decir Monstruos que atestiguan asimismo la Separación y el Verbo, la Falsedad y la Verdad, el Tiempo y la Eternidad, el Sexo y el Espíritu, la Muerte y sin embargo la Vida, la Caida y no obstante la Salvación, las tinieblas y con todo la Luz. Atestiguan con todo y no obstante y sin embargo la urgencia de la Pintura, para inventarlo todo, por completo.

Es el mismo dispositivo de la Tensión, o sea el Tensor, cuya función topológica es el Trenzado, y cuyo resultado apofático es la Trenza - de la Pintura con la Mirada, para que acaezca la Visión, en esa peculiar Di-mensión de la Di-visible que proporciona la Escisión de los ojos, asimismo encandilados por la Lumbre de la Gloria, entre el punto de ceguera de su Hímen y el punto de deslumbramiento de su Circuncisión.

La Tensión - gráfica, cromática, arquitectónica, composicional - se apodera por completo de las pinturas de Jaime ROMERO y las libra de la tentación dirimente de cualquier teatralidad, pues la Tensión es Vida y Violencia de la Vida que culmina en la Gloria y se realiza como Sacrificial, mientras que la Teatralidad es Muerte e Indiferencia de la Muerte que se agota en la vacuidad de la Representación, así como la reparada Antonin ARTAUD, que bien sabía lo que decía cuando reclamaba para la Crueldad.

Tensión quiere decir Fragmentación - en cualquier Punto, ya que es el Punto el Dis-ruptor mínimo de

la Tensión. Significa Diseminación, es decir Multiplicación - más bien que multiplicidad, más bien que dispersión, más bien que harmonía. La Tensión es agónica, es germinativa, por ser Dis-rupción de las Energías; es el Motivo Seminal del Enigma constitutivo de la Pintura.

Si la Materia, por lo tanto, sólo puede ser Sexual, es porque es el Sexo la misma Tensión en acto, luego el acto mismo de la Multiplicación, luego el mismo acto del Enigma -, es decir la Perversidad y la Perversión, y luego el Destierro y la Monstruosidad. Pero la Multiplicación es el Espíritu mismo, siendo el mismo Acto de la Génesis - la Performancia y al tiempo Performativo del mismo Verbo de Dios : "HAYA...", y al decirlo, "HIZO..." Performancia del Performativo, pues; pero de ningún modo Imperativo. El Imperativo vendrá más tarde, e imperará precisamente que no se pinte. Con lo que fundamenta y legitima plenamente la propuesta de Jaime Romero : - es la Pintura del Arte propio en el tiempo del Destierro, y es el Destierro el tema propio de la Pintura : el tema prohibido de un Arte prohibido.

La pintura de Jaime ROMERO, asimismo como la Materia, su Tensión, su Sexo, sus Energías, su Enigma, su Espíritu, es monstruosa, pero tan sólo para que recordemos que somos Monstruos. Con lo que multiplica y no suma. Pero divide y sustrae. A toda mirada. Untando el mismo lienzo con la mirada. Tendiendo la Misma mirada sobre la superficie por completo. Pero en volúmen. Trenzado. Para que se provoquen los ojos. Para que se inventen. Para que pinten.

Que miren y ad-miren, pues :

Aún si les fuese otorgado un tiempo infinito - hipótesis que han de rechazar de antemano el Performativo del Génesis y la Promesa del Apocalípsis - nunca conseguirían hacer la cuenta ni darse cuenta de lo diseminado, lo fragmentado, lo follado, y lo proliferado de todo cuanto, en las pinturas de Jaime ROMERO, y sin cesar jamás, se añade y se sustrae, se divide y se multiplica, sin jamás dejarse sumar, sin consentir jamás que se totalice, sin perderse nunca en una engañosa unidad, exponiéndose asimismo como mera Multiplicación - en la misma Di-mención de lo Di-visible - como Materia, como Sexo, como Espíritu, como Dios, ya que es Dios la Causa y la Cosa de la Tensión, el Tensor que acecha, y acosa, y trenza, y mira, y provoca a que se mire. En los colores y en la líneas. En las superficies y en los volúmenes. En los bordes y en sus centros. En los cuerpos y en sus entornos. Y tendrían todavía que contar con los sexos, sus diferencias, sus pesos, sus gravitaciones, sus profundidades, sus formas, sus volúmenes, sus materias, sus índoles, sus ánimas, siempre disimilados, siempre disimiladores. Y con los ojos. Y con las bocas. Y con las orejas. Deslumbrante dramaturgía - el Drama es la Tensión misma, es el Agón, no es el teatro - de todos esos huecos de los cuerpos en las pinturas de Jaime ROMERO. Y sobrarían aún las manos - sublimes manos de Jaime ROMERO, obviamente monstruosas, y que merecerían por si solas un cuidadoso análisis, aumentando de un cuidadoso comentario -, y sobrarían los pechos, los vientres, los muslos, las piernas, las medias, los pies, con sus torsiones, con sus contorsiones, con sus distorsiones - con sus pasiones. Con lo que sobrarían aún los cepillos de dientes y sus retro-miradas en sus retro-visores, para que suplan los huecos del cuerpo con otros tantos huecos en la Di-mensión, profundizándola, di-visándola. Y sobrarían los clavos suplementarios. Y sobrarían los caballos, que son muchos cabellos y también muchas cábalas. Sobrarían las máscaras. Y las cortinas. Y las paredes. Y los pisos. Y los techos. Y los azulejos.Y las ventanas. Y las puertas. Y las luces. Y las sombras. y sobrarían  todavía los soplos, muchísimos soplos -. el soplo. Pues la pintura de Jaime ROMERO es la Pintura del Soplo y de los soplos : es una pintura soplada, es decir una pintura cubierta y llenada y preñada y embarazada por el Soplo y sus soplos, que soplan por doquier - con sus diversos colores y sus distintas velocidades, sus diversos cuerpos y sus distintos sexos, sus diversas materias y sus distintos espíritus. Soplos purificadores. Soplos aniquiladores. Soplos anímicos. Soplos neumáticos. Numinoso. Ominosos.  El - ( Ø ) : Dios - sopla. Y al soplar, pinta. multiplicándole todo otra vez, la misma, pero proliferada, pero profundizada, pero sellada. Vaciándo y evacuándolo todo. Abortandolo todo. Circuncidándolo todo. Llevandolo todo para el Destierro. Tensión y Tensor de los soplos . Trenza de los soplos. Y Mirada del Soplo. El Soplo y sus soplos fomentan el espacio propio de la pintura. El Soplo y sus soplos abren espacio para que se pinte. El Soplo y sus Soplos espacian.

Es el punto hiperbólico de la pintura de Jaime ROMERO, y que la pone determinadamente monstruosa, en efecto.

Theodoro Alegría  

Conferencia sobre la exposición individual :  "Desterradas Hijas de Eva", Galería  Forum.

DANIEL CABALLERO : Color, Sentimiento y Fantasía

 

Jaime Romero confirma ser "len fant terrible" de la pintura peruana con la exhibición de su obra reciente en la galería Forum. Ya desde antes se había hecho notar por el anticonvencionalismo de su posición, particularmente con sus biombos decorados con desnudos de un erotismo pompeyano.

Pero había mucho de travesura en lo que hacía, con exageraciones, entre módulos dorados. Se le miraba con mucha simpatía pero se hacía difícil otorgarle demsaiada seriedad, sintiendose que muchas de sus cualidades estaban desperdiciadas por su afán de hacerse notar.

El caso reciente es distinto. Sus "Desterradas hijas de Eva" lo ubicaban de plano como uno de nuestros mas saltantes y originales valores. Estos diez óleos de gran formato sobre mujeres bíblicas como Ruth, Esther, Sarah, Judith, y otras, son unas recreaciones libres, audaces, incisivas y sabrosas. 

Ha jugado a su albedrío con su imaginación dejando correr alborozada su mordacidad. Dibujante de rara habilidad, colorista vital, ha alcanzado madurez sin perder ni un ápice de su fantasía.
Lo que ha conseguido ahora la entrega credenciales para las más audaces empresas.

Daniel Caballero

Diario Expreso, 7 de Septiembre, 1991

 

ELIDA ROMÁN : Jaime Romero y un regusto extraño por lo tradicional y hasta clásico

 

Navegando con soltura entre lo insolente, lo irónico y hasta satírico, lo kitsch y un re-gusto extraño por lo tradicional y hasta clásico, Jaim Romero exhibe en Galeria Praxis Simples mortales (Series de Caínes y Abeles) donde una vez mas nos encontramos con una personalidad única y un talento poco usual amparados en un oficio prolijo.

Las notas que destacamos pudieran dar la receta para un menú agresivo, poco grato y hasta colindante con lo grosero, pero Romero sabe manejar esos elementos llevándoles al resultado buscando, que es el opuesto y que en su caso revela inteligencia y dominio, mediante el equilibrio entre lo adjetivo y lo retórico de sus figuras y una lograda apariencia de recato y mesura, de falsa inocencia y descuido, que ocultan pasión, desborde y transgresión sin producir rechazo u ofensa.

Romero se vale de personajes bíblicos como pretexto para una cierta narración de hechos que, presentados como históricos y pasados, son sin duda perfectamente presentes y vigentes.

Comenta sus hechos con susurros, utiliza a cabalidad los símbolos pretendiéndoles decorativos y desvía el resultado a su propósito, que si bien alude con referentes claros, plantea personajes arquetípicos posibles, pero se abstiene de asumir juicios definitivos y drásticos, todo ellos bajo el paraguas de u humor sutil refinado, que lo aleja de lo meramente ilustrativo.

Colores chocantes, esquemas de construcción plástica que hacen innegable alusión sino comentario, no sólo a la historia de la pintura sino al enfoque temporal de las situaciones, el artista ha utilizado para la realización de estos pequeños retavlos que a veces aspiran a icono, toda la gama, de peuqeñastrampas pictóricas y artilugios casi escenográficos posibles a cada historia.

No vacila tampoco en crear pequeños conjuntos de objetos conde el espectador es actor (p.e. espejo - candelabro, etc.) creando una distensión, una cercanía al juego, que predispone a un mejor paseo por este desfile de imágenes insólitas.

En anteriores presentaciones Jaime Romero no vacilaba en acudir al biombo, la estructura, el elemento de gran dimensión y por consiguiente el despliegue de imágenes con prescindencia de proporción y/o estilo.

Ahora ha preferido el objeto pequeño, más privado y disimulado, articulado como para encerrar su historia en sí mismo tiempo, la tentación de la curiosidad y la experiencia del secreto.

Elida Román   

Diario El Comercio, sábado 18 de noviembre de 1995